La espiral del silencio

La lectura del clásico de la sociología La espiral del silencio (Noelle-Neumann, 1982), centrado en los efectos sociales de la opinión pública, y en concreto, en el modo en que ésta aparta (silencia) a quienes no se suman al discurso dominante me ha llevado a plantearme si tales efectos o similares también se pueden encontrar en el seno de las organizaciones. Creo que no hay ningún género de dudas sobre la respuesta: sí.

Por ejemplo, es frecuente que no sumarse a la opinión dominante en el ámbito laboral (en una empresa, por ejemplo) dificulte o impida el desarrollo de la carrera profesional.

De modo similar, es usual que en las organizaciones políticas, aquel que no se suma a la opinión dominante sea tachado de “disidente” o de “desleal” y en consecuencia, sea apartado.

En las organizaciones, los sujetos no dejan de estar expuestos al juicio de los demás. Sus opiniones y sus actitudes son evaluados constantemente como ocurre en el espacio público, en la comunidad; pero con una apreciable diferencia, cual es que las organizaciones son estructuras de poder en las que convergen las ambiciones individuales. En consecuencia, los riesgos del disenso y de la excentricidad discursiva (entendido como la lejanía de la opinión dominante) son mucho más acusadas que en lo público.

 

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