El pan como metáfora

Hoy he leído un artículo publicado por un periódico español de ámbito nacional sobre el pan de alta calidad o delicatessen y me ha hecho pensar en las sesiones de trabajo en las que participo con mis clientes.

El primer hecho que me parece significativo es que no recuerdo en los últimos años una sesión, por lo general con la gerencia de compañías del sector privado, en la que no se haya hablado de valor añadido o de aportes de valor.

Dar valor, a un servicio o a un producto, se ha convertido en el objetivo central de muchas organizaciones. Pero quizá lo más llamativo es la frecuencia con la que quienes están al frente de las mismas no parecen tener claro el camino hacia el horizonte del valor, pese a que son quienes mejor conocen los servicios y los productos que ofrecen.

En la búsqueda del valor, es decir, de aquello que convierte en diferente, especial, único o superior a un producto o a un servicio; que lo transforma en deseable o anhelado; que moviliza un vínculo emocional; en esa búsqueda (desesperada a veces), en una de las últimas sesiones de trabajo en las que he intervenido, uno de los participantes utilizó una metáfora para hablar de las carencias del servicio que estaba bajo su responsabilidad. En síntesis esta fue su reflexión: “por las mañanas mis hijas llevan al colegio un pequeño bocadillo para el recreo y he observado que cuando compro el pan en la panadería de la galería comercial próxima a mi casa, los bocadillos se deshacen, se separa la miga de la parte exterior del pan y además, quedan muy duros. Sin embargo, cuando lo compro en la panadería de la calle de al lado, el pan queda firme y es más blando, pero en apariencia, uno y otro pan son iguales; el precio es idéntico; incluso una y otra panadería son iguales e iguales también parecen quienes las regentan (entiendo que panaderos en ambos casos). No se cuál es la clave, y eso me obliga a suponer que el panadero de la calle junto al mercado trabaja con masa madre, que su pan no es precocinado, que su harina es ecológica…”.

¿Qué está pasando? Sencillamente, que ese valor añadido que hace al pan firme y blando, que consigue que sus hijas coman su bocadillo con gusto a la hora del recreo, que lo diferencia del pan de baja calidad que ahora venden decenas de tiendas de barrio, está encerrado al fondo de la tahona, inaccesible a los ojos del cliente.

El mensaje a las organizaciones con las que trabajo es claro: es tan importante crear valor añadido, como ponerlo en valor cuando ya se tiene.

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2 respuestas a El pan como metáfora

  1. Ana dijo:

    Cuánta verdad!

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